10 de Diciembre de 2010

Hoy el gran día. En las grandes ocasiones suelo quedarme dormida, así ha sido. Mis padres al entrar en casa me han despertado !menos mal¡.

El nervio de ayer persistía con ligeras punzadas. Es aquel nervio que nos enfrenta a lo desconocido.

Mi mente estaba totalmente ausente, sencillamente las nubes diseñaban un nuevo cielo para mí, un cielo de connotaciones anaranjadas, que el sol iba pincelando, colores brillantes. Cielo despejado, quietud y frio.

Mientras llegábamos al hospital el frío se tornaba un calor suave, era mi ánimo que volvía a confiar, en mi cuerpo, mis células, en todo mi ser. La enfermedad nos alecciona la autoestima.

Me está costando escribir, porque las lágrimas no dejan de brotar, ante la generosidad y grandiosidad del factor humano. El cáncer, palabra temida pero al mismo tiempo abre la grandeza que habita en nosotros de sentir a personas entregadas a lo que son simplemente dando lo mejor de sí mismas, ya sin importar nada.

Personas, todas ellas mujeres que han abierto sus corazones a compartir conmigo sus vivencias con el cáncer, con naturalidad y… amor.

El trabajo de los voluntarios de la asociación de cáncer ha sido increíble, velando por nosotras, conversando, nos han dado café, pero lo más importante, su entrega llena de afectos que no me han dejado indiferente. ¡Sí Señor! Todo auténtico, cierto, real. Es fantástico.

Muchas veces pensaba en el ser humano, y cómo me desagradaba formar parte de esta especie, pero momentos vividos como los de hoy merecen la pena ser vividos y compartidos.

Con mis compañeras de quimio compartimos vivencias, experiencias, todas ellas con fuerte carga emocional, emociones llenas de generosidad. Cuando mujeres que han vivido experiencias que no debieran vivirse, las ves ahí, tan fuertes, tan sinceras y llenas de amor y complicidad, me siento pequeña ante su grandeza, privilegiada y honrada porque lo comparten también conmigo.

Hoy se ha creado un micro mundo, un mundo lleno de solidaridad, un mundo que empuja para salir, el mundo lleno de emociones profundas que nos dotan a todos de ese porte tan genuino en cada uno de nosotros.

Los elementos de la quimio fluían a través de la vía puesta en mi mano, hoy no soy la protagonista, hoy las protagonistas tienen nombre de mujer, enfermas, voluntarias y enfermeras, doctoras, todas ellas embadurnadas con el tiempo y la experiencia del cáncer vivida desde todos los lados y yo atenta, sintiéndome pequeña y grande.

Me han tranquilizado su porte, sus palabras llenas de amabilidad, las conversaciones y los sentidos, con esta vitamina ¿quién está nervioso? Yo no desde luego, era en lo último en que pensaba.

Mi padre me iba observando y al verme tranquila, se relajaba.

Sigo llorando. Porque estos momentos de gran intensidad, de brillo y grandeza, se viven poco y se comparten menos.

Uno puede pensar que la vida es injusta o le ha tratado mal, pero “ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos”.

Si te toca vivir una enfermedad, enfréntate a ti mismo y brillarás, compártete a ti mismo y ganarás.

Hoy la carga emocional de la palabra cáncer ha desaparecido, sencillamente es una nueva oportunidad que abrazo y que ya no me somete.

El sabor del café con leche permanece en mi boca, hecho por las voluntarias, estaba lleno de sinceridad, amor y entrega, una delicia.

Nos veremos el próximo 4 de enero, ya tengo ganas, porque su compañía me ha sabido a poco, pero sí que es cierto que ha llegado momento de descansar y aposentar tantas emociones.

Mi vida llena de cicatrices cinceladas, modelan lo que soy. Hoy he descubierto unas nuevas cicatrices, aún mucho más profundas, son las que cincela el amor, la entrega, esos instantes de magia. Quiero que estos momentos sigan llenando mi cuerpo de cicatrices, porque son las verdaderas cicatrices las que nos construyen y miden nuestra valentía y la capacidad de amar.

Hoy más que nunca se reafirma mi fe en el ser humano, su grandeza y quiero seguir viviéndola en toda su intensidad, por mucho que esta emoción me haga reír y llorar mares de esperanza.

Antes de irse muchos afectos regados como despedida.

Enfermos, voluntarios y enfermeras en un todo, funcionando desde la más absoluta unidad, aceptando los acontecimientos sin más.

He bombardeado a preguntas a mi doctora oncóloga, ha dado el visto bueno a mis suplementos de vitamina C y E, también a las flores de bach y los oligoelementos.

Al salir del hospital, no he podido evitar que las lágrimas de emociones tan potentes y contenidas surgieran al hablar con mi madre. Sé que se preocupan, pero lo vivo con la intensidad que me merece la vida, TODA.

Mi padre y yo nos hemos emocionado, sé que ha sacado toda su ira y frustración, porque no es fácil para un padre ver que un hijo está tan enfermo. Pero juntos ganamos.

Pienso en los afectos y las emociones, tienen que salir, fluir, porque son una realidad importante de nosotros mismos, expresarlas con respeto, pero expresarlas, sentir que con ello nos entregamos y damos lo mejor de nosotros mismos. Ése es el único legado que cuenta, cuando uno se siente bien con lo hecho y en paz, puede entregarse a la totalidad de la experiencia.

Un gran abrazo entre mi madre y yo, sin más, dejando sentir nuestros corazones. Un día más, pero lleno de la grandeza que habita en cada uno de nosotros.

Los demonios son los miedos que amputan el alma, un alma que yacía muerta y ahora se realma en cada paso.

Hoy escribo a ratos. Pero con el ímpetu de haber cruzado una puerta que no puedo volver a cruzar.

Siguen permaneciendo las sensaciones, en aquella sala hospitalaria había más ímpetu y valentía que en una corrida de toros, porque lidiar un animal como el cáncer se hace a diario con la dignidad del que sabe que en su sangre, llena de química, corre un destino propio, cómo se aliñe, marcará el destino, desde luego la valentía rezumaba por los cuatro costados y el dar. Mujeres de mundos, conquistándose todas a sí mismas. Sorprendiéndose y sorprendiéndome.

Estas mujeres excepcionales debieran estar en la primera página de muchas revistas honrando su capacidad de superación. Quizás la foto de Kate Moss esnifando coca sea muy moderna pero que me perdonen ella abandera a una sociedad de enfermos.

Todas las mujeres que he conocido hoy abanderan una nueva sociedad, una nueva perspectiva, una alternativa, las emociones vividas y expresadas con la más absoluta sinceridad, aquella que con la simple mirada llega, aquella que con el simple gesto llega. Mujeres que corren con lobos y rezuman autenticidad.

A medida que el tiempo avanza, en mi estómago la quemazón va en aumento y las náuseas. Dolor de cabeza persistente.

Hoy me acompaña, El Hombre que Plantaba Arboles, gran relato de Jean Giono, un hombre que camina su camino sin más, es una lectura que me da calor.

Una infusión me ha ido bien. Hoy huele a hierbas, poleo y menta. La gata está en el sofá, no sé si podré esperarla antes de acunarme Morfeo.