15 de diciembre de 2010

Me levanto con ánimo renacido, con energía, sintiendo que por fin puedo moverme, salir.

La mañana floreció, la luz sigue acariciándome, el sol brillaba dulcemente y el aire frío azotaba mi cara con fuerza. Me descongestioné y sentí formar parte de algo que se escurre entre los dedos, la vida.

Mis molestias han sido tan ligeras, que ha sido fácil salir a almorzar con mi hermana y compartir un estupendo pan con tomate y fuet. Pude hacer un par de gestiones, pero al llegar a casa ya no tenía energías para nada.

Ha sido un día cautivador, la vida sonríe y es sorprendente.

Todos los días me colman los afectos, me miman, me aman, me siento privilegiada, mis emociones siempre a flor de piel.

Aprecio sentir y no importa en qué manera, cuando eres consciente de la entrega, uno no puede más que sacarse el sombrero ante la generosidad de las personas que le rodean.

Comer bien ha sido un regalo. Un acto tan normal, tan cotidiano como el comer, no se le da la importancia, hasta que uno no puede y está incapacitado para hacerlo, entonces como por arte de magia se convierte en un ritual sagrado, preparar la comida, preparar los sentidos, abrirlos, hacerlos receptivos. Magia.

Mi cuerpo es un desconocido, a los gustos se refiere, ahora cada día es una caja de sorpresas.

No sólo nutro mi cuerpo físico sino también mi alma, de eso se ocupan los afectos tan cercanos y sinceros que me dan ese empuje necesario para seguir cada día al pie del cañón.

Mujeres que llegan a mi vida, grandes luminarias, impetuosas, poniéndonos la vida por montera, porque sentimos que el espíritu más salvaje corre por nuestras venas.

Los condicionamientos de todo tipo constriñen la capacidad de vivir desde el estado más puro.

La magia es un latido que despierta la pasión olvidada apresada en otro tiempo. La pasión de otro tiempo despierta, para azotar el presente en donde la vida palpita y danza entre las palabras equivocadas. La pasión de la vida grita porque es la verdad que uno teme. Es el miedo de despertar a una nueva verdad de uno mismo, la libertad y el amor.

Es la entrega a un tiempo presente y a una voluntad de estar viviendo este presente desde lo más profundo de uno mismo, nosotras nos nutrimos porque la vida nos nutre y sigue abriendo caminos nuevos en donde empolvar los pies.

El polvo de lo andado no puede disolver lo vivido, pero si puede sacudirnos la mentira de la memoria, el polvo y las huellas siempre son distintos y lo vivido con ellos también, porque la historia de lo que somos se transforma a cada paso.

Escuchar a Huun-huur-tu, calma mi ánimo. Es la música de los ancestros, esencia y sencillez.

Hoy humea el incienso, parece que dibuje la silueta de los ancestros que han venido a saludarme. Sólo puedo honrarlos.