18 de Diciembre de 2010

Me siento arropada por afectos profundos que el tiempo arraiga en mi alma, son aquellas cicatrices hechas a fuego lento, cicatrices que dibujan los nombres de personas que uno no puede olvidar jamás.

Ayer me llamaron del hospital, para darme dia y hora, tengo que hacerme unas pruebas para saber si el tumor ha variado de tamaño o no. Realmente me tocó, por unos momentos me invadió el miedo provocado por la incertidumbre. Es lo que tiene la enfermedad que constantemente te expone a lo desconocido. Llorar me desahogó.

Hoy desperté bien, a pesar del terrible dolor de cabeza de ayer por la noche.

Me niego a vivir esta experiencia sin aprender lo que realmente tengo que aprender. Todavía recibo los ecos de mi conversación con una de las voluntarias de la asociación contra el cáncer. La enfermedad te transforma.

Puedo conducir sólo trayectos cortos, para empezar no está mal.

Estos días de emociones encontradas que han acabado por cuestionarme muchos aspectos de mi vida, pero siempre vuelvo a mis pies. Ante todo soy yo, evidentemente con mis luces y sombras y si me equivoco asumo toda la responsabilidad. Es la única forma de aprender. Son mis pies calzados con mi alma los que andan y mis ojos sólo pueden mostrar lo vivido realmente.

Una fuerza ha poseído mis venas nuevamente, es momento de abandonar el mal hábito de vivir victimizándonos por la enfermedad, no. Soy consciente que esto me está transformando ¿hasta qué punto? Nunca se sabe, porque la vida ya de por sí nos transforma, quizás varia la intensidad.

He fregado los platos, he podido hacerlo sin tener que dormir tres horas. Cada día los logros son más, agradezco a mi cuerpo su fortaleza y yo me miro al espejo encontrando equilibrio y fuerza en mis ojos.

Los afectos se renuevan e intensifican a diario. La luz intensa proyecta una sombra igualmente intensa.

Estoy cansada y quiero realmente arraigarme a lo que soy. Arraigarme con fuerza a mi misma. Todo lo encuentro en mi, pero durante mucho tiempo ese mundo tan cercano es un continente extraño y lejano. La de vueltas que he dado, para encontrar que habito en un mundo, mi mundo propio, es el mundo al que pertenezco y yo soy ese mundo.

Quiero conquistarme, tener la absoluta libertad de caminar con mi alma calzada en los pies, mi corazón palpitando pasión y mi cuerpo entregado, sintiendo como el polvo y el viento siguen esculpiéndome.