7 de Diciembre de 2010

De las tres grapas sólo queda una. Me levanté con ganas ya de que me saquen lo que no me corresponde.

Últimamente los días tienen una fuerte connotación emocional. Ahora es momento de desaprender y poder instalar en mí una nueva forma de vivir y experimentar la vida.

No quiero entrar en juicios, puesto que entrañan culpabilidad, los juicios nos quitan libertad, porque nuestros ojos miran hacia fuera y no hacia nosotros mismos. Al juzgarno perdemos lo más valioso de nosotros mismos, el amor y la compasión.

Las experiencias en la vida, como la que me toca vivir, podrían están marcadas con cuchillos afilados, pero no lo están. Lo fácil es entrar en la lamentación y posicionarme como una víctima o sencillamente señalar con el dedo acusador a algún culpable, acumular rencor y rabia, buscar venganza. Estos sentimientos tan animales son los más fáciles de tener, lo difícil es trascender a ello y perdonar, comprender y contextualizar la experiencia humana, sin más.

Las emociones que he estado acumulando han sido peor que mis 10 kilos de celulitis, porque son un potente óxido corrosivo que ha gastado parte de la información celular de mi cuerpo. Mantenerme emocionalmente sana es un trabajo, lleno de dificultades y muy, pero que muy difícil, porque cuando la sangre quema pidiendo venganza, mi corazón quiere liberarse y latir tranquilo.

Enraizamos las melancolías y las distancias emocionales como insalvables, pero todo es falso, la distancia emocional es una única y la tenemos dentro, la distancia emocional que sentimos, se palpa en cómo andamos por la vida.

Yo soy un abismo y deseo conquistarme desde el amor, quizás debo amar mucho más a mi cuerpo, amar mis células por darme la forma corporal que tengo, por hacer que mi cerebro se muestre como lo que soy Mª Carmen, y den cobijo a mi alma, a ese sentir que tanto trato de integrar en todo mi ser.

Miro las noticias y me doy cuenta de los universos que me separan de una supuesta realidad que no me corresponde. Siento que no se quiere ir al fondo de las cuestiones esenciales, que vivo en un mundo lleno de mentiras, que muchos de los que me rodean viven su propia realidad diseñada y adaptada para sus necesidades más egoístas, pero también entiendo que hay personas acompañándome en la vida y tratando de encontrar la verdad, aquella que tenemos, aquella verdad esencial y profunda, muy clara y sentida, que siempre acaba escurriéndose entre los dedos. Cada vez que la siento me hace más libre.

Es más sencillo odiar, porque nos excusa hagamos lo que hagamos, pero amar nos hace responsables de lo que hacemos, tener conciencia.

Es más sencillo desconfiar, porque eso nos excusa y valida la desconfianza que tenemos en notros mismos, es difícil comprender que quién traiciona, sólo se está traicionando a sí mismo.

La gata tiene sus cinco minutos de saltimbanquis. Huele a benjuí.

Amar es el principio y un fin.