25 de enero de 2011

Hoy día de quimio. Noche luminosa y amanecer grato.

Me mido con los miedos, los conozco, ya hemos tomado muchas cañitas juntos, están muy definidos, tanto que ya no son miedos, son una parte más. Sigo paso a paso ya nada es capaz de parar lo que es pura transformación.

Mi cuerpo ha agradecido estrenar una vena nueva por donde alimentar de química mi cuerpo, el tumor sigue inexorablemente su camino hacia extinción. Nuevas pruebas van a determinar más quimio u operar.

Cada sesión de quimio es una sorpresa, es magia pura. Mis compañeras y compañeros, son valientes, llenos de ganas de cambiar sus tristezas por alegrías, llenos de ganas de compartir la experiencia que nos está tocando vivir.

Mi hermana, grande y alegre, al pie del cañón, recordándome de la pasta que estamos hechas, la mejor materia prima. Su capacidad de dar, de entregarse es tan grande que no alcanza límite alguno. A mí me llena y lloro porque mi corazón no puede albergar tanto, es un regalo a mi vida, es mi princesa y mi luminaria. Pasea conmigo, junto a su hijo, abrazando la vida, sólo le pido a la vida que sea generosa y le entregue lo mejor. Somos mujeres que aprendemos a correr con los lobos, la luna abriga nuestra esencia más profunda.

El viento sigue susurrando palabras hechas de nubes, lluvia, sol y luna, amor en estado puro, de sentires que palpitan en nuestros corazones, llenos de ganas de brincar hacia los destinos inciertos que trae consigo el propio presente.

Miro alrededor miro y todo florece, todo se mece en sincronía a veces triste otras alegre, el invierno parece cobijarnos para interiorizar lo que somos y lo poco que reconocemos.

El invierno no puede excusarnos, es una tregua. La primavera grita la vida que no vivimos y hemos de vivirla, porque forma parte de nosotros mismos. Una vida anhelada es una vida mortecina. Somos primavera.

Mi mano ha resistido. Tengo dolor de cabeza. He podido comer algo.

He abrazado a mi madre y he llorado en su hombro, tan acogedor. Es el hombro de mi niñez, sobre el cual dormía y me sentía valiente, libre y confiada. El hombro que siempre nos ha cobijado en los momentos difíciles y ahora a pesar de sus años, sigue ahí, tan entregada. La abrazo, nos miramos, en sus ojos pardos está depositada su alma, el alma de todos los tiempos. Almas compartidas.

Un abrazo de tres mujeres, madres, hijas, lluvia, sol y luna, sintetizando sin palabras el sentir de los tiempos que hemos compartido y compartimos, presente para ser vivido.

Viviendo presente, el gran realmador de nuestras almas.

Mi hija y yo nos abrazamos dándonos aquello que las palabras mismas no pueden mentar, esencia en estado puro.

Tomo mi infusión que parece que calma mi rabioso estómago.

La gata muy gata sólo tiene ganas de jugar. Me mira como sólo mi gata muy gata sabe hacerlo, agitando sus bigotes, ronroneando entre mis piernas. No la comprendo, pero ella me observa delatando mi condición humana, esa condición que no comprende lo que sólo saben comprender los gatos.