20 de septiembre de 2011

La luz nace en la claraboya, alimentando toda la buhardilla.

Hoy mi sesión de radio número 16.

Desayuno sólo un café con leche. Duermo mal, aún así descanso. La zona radiada está resentida y el dolor ya forma parte de mí. Se soporta.

Sigo resfriada, pero eso no me impide vestir con mis mejores galas, maquillarme, un buen pintalabios color cereza y tacones con plataforma. Mi ánimo agradece este esfuerzo.

El pelo crece rápido y fuerte. Mi cuerpo sigue sin ser el mismo, aunque lo intenta.

Sigo sorprendiéndome, mis ojos son los de aquella niña de ocho años que devoraba la vida en toda su dimensión.

Hoy he visto la zona radiada de una de mis compañeras de radio, sin piel, en carne viva, verlo casi ha sido una alucinación, los médicos no le han recetado nada, sencillamente le han dado unos antibióticos en pastilla, ninguna crema, ninguna cura, hay que pasar por cojones. Me entristece la poca empatía de algunos médicos y su poco compromiso con el bienestar de los enfermos de cáncer. Me he cabreado sobremanera. Sólo he podido escucharla, hemos compartido risas y tristezas. La tristeza ha irrumpido desde la profundidad de su ser, como un tornado, le he dicho que así sólo va a destruirse, la vida es mucho más que lo que está viviendo. Finalmente su ánimo ha mejorado.

Soy consciente de mi transformación.

Los pasos nacen desde las entrañas, irrumpen como un tornado, moviéndonos totalmente, matando todo aquello que ya no nos corresponde, los pasos nos permiten ser y sentir.

Somos un mar de océanos, sintiendo un océano de mares. Somos una tierra de caminos, pisamos un camino de tierras. Somos desde lo más profundo, irrumpiendo, latiendo, en simbiosis, vida y ser, como un volcán y un tornado, ambos fuego y aire.

Este fin de semana guisé pollo con cebolla y brandy, todos nos chupamos los dedos.

Cuido más que nunca la zona radiada, es el ecuador del tratamiento, acariciando el final.

Sigo aprendiendo. Conocer la vida y sentirla me compromete, es el pacto que ella y yo hemos sellado, ahora la muerte me parece insignificante.

La gata muy gata duerme en una caja donde guardaba mis botas negras.

El incienso de ruda humea, su olor me calma.