15 de Noviembre de 2012



La ventana sigue jugando con el Montseny quizás por esa razón están  alegres.

El día 2 de noviembre hace ya dos años que sigo en el camino de ser y estar sana.

Sigo sintiendo que no quiero la vida que tenía antes del cáncer, hago balance, no lo cambio, me he reconciliado con partes de mi misma que jamás hubiera pensado ni que existieran.

-Todo bien, hasta dentro de 6 meses- me dice mi doctora oncóloga. No puedo evitar llorar. Soy consciente de que cada vez que voy a visitar a cualquier médico tengo una tensión interna, es un animal dispuesto a desbocarse. Emociones encontradas  y  una mente que quiere estar en un espacio vacío, un espacio en donde a mi corazón le deja de importar si hay o no hay cáncer, porque ahora el cáncer y yo nos conocemos.

El cáncer ha medido mis capacidades, llegar a él en un ejercicio de interiorización ha sido  lo peor, porque yo he contribuido a mi enfermedad. No se puede mal vivir emocionalmente durante 12 años. Me ha costado tomar decisiones pero con ellas ha llegado la calma,  la vida y con ella, la lucha contra el cáncer ha sido un camino hacia la conquista de una nueva libertad, mi identidad.

Sigo en este periplo, hoy me han llamado del hospital, ya tengo hora para una pequeña intervención, hay que hacer nuevamente una biopsia de la matriz, esas células anormales no gustan. 

La llamada aunque esperada, la recibo con sorpresa, hay momentos en los que parece que todo termina y no es así. El brazo se sigue hinchando, el dolor aparece como aquel huésped inesperado y desagradable que pone el culo en tu casa y no sabes cómo echarlo. Despierta ese nervio conocido en el estómago, ese nervio que no quiero que despierte nunca, porque ahí está dispuesto a desbocarse en cualquier momento.

La doctora oncóloga es médico suplente, señala, educadamente, que no me tomo el tamoxifeno, es una hormona que inhibe los estrógenos, pero sus efectos secundarios en muchos casos son permanentes, la estadística no la tengo clara, sin información los pacientes lo tenemos muy difícil a la hora de decidir qué hacer. Lo razonable es que a estas alturas se informe con cierta objetividad, en el cáncer no todo vale. Los tratamientos dejan secuelas, en el caso del cáncer de mama, se empieza a hablar de fibromialgia entre otras cosas. No, señores, con el cáncer no todo vale. En mi caso ha primado mi sobrepeso, así que sin estresarme es mi objetivo, reducir de peso a medio plazo. Sigo con mi tratamiento homeopático, todo ayuda, incluida la dieta. Nos olvidamos que los pacientes somos los protagonistas y podemos hacer mucho por nuestra salud.

Hay momentos en los que siento que me pierdo y   mirar atrás me recuerda lo que no he sido capaz ni de ser ni de vivir. Sigo viéndome nuevamente en el hospital de día, con una intervención de anestesia general sin ingreso, post operatorio en casa, pero todo distinto. No es el día de la marmota.

Las emociones siguen siendo mi brújula, son la certeza de que en mis venas hay pólvora que estalla en cada latido y en cada latido hay  un nuevo amanecer, una nueva sensación. Día a día descubro el lenguaje de la vida, me alegra habernos casado, más que casarnos, la vida y yo estamos en simbiosis, no entendemos ser y estar de otra manera.

Donde seguía calzándome, ahora sencillamente la vida y yo estamos despojadas de todo aquello que teníamos, la vida y yo estamos desnudas, andando, sintiendo que todo brilla y se apaga al mismo tiempo, que todo muere y renace al mismo tiempo. Querer, pretender un destino es absurdo, porque el destino es uno mismo. En la vida existen muchas estaciones, he decidido no parar en ninguna, porque en el camino del eterno presente, en el eterno ahora, todo tan vacío, es donde todo sucede.

Más que recordar, vivo el presente con mis cicatrices y tatuajes. Las cicatrices abiertas son malas compañeras. Vivo a través de lo vivido, siento a través de lo sentido. He muerto para vivir y vivo para morir.

Huele a incienso de mirra y mi gato muy gato duerme plácidamente.

20 de Octubre de 2012



Mi ventana muestra un cielo a topos luminiscentes. La noche esconde a la montaña, el Montseny parece dormir, pero está despierto y alerta de lo que sucede. La ventana se ríe con este juego de apariencias.

La semana pasada fui a visitar a mi médico radiólogo, mi primera revisión. Un año pasa pronto, aunque metida en las 33 sesiones de radioterapia, es otra cosa. Lo cierto que me vestí para la ocasión, unos taconazos de 18 centímetros de plataforma rojos fueron la perlita de la tarde. Siempre tengo la necesidad de ir al médico como si se tratara de pisar una alfombra roja.

Son sensaciones extrañas, por un lado confiaba en que todo iba ir bien y por otro lado  me decía que ubicara a mi mente en el no esperar ni bueno ni malo, un espacio vacío, el único espacio en donde poder aceptar sin más.

Mientras conducía hacia el hospital sentí por primera vez que pasara lo que pasara ya no me importaba. La razón es que el cáncer y yo ya nos hemos mirado a la cara, sabemos lo que somos, así que el cáncer pasó de la zona desconocida  propicia a los miedos, a la zona de conocidos en la que los miedos son relativos.

La exploración fue dura, porque el dolor persiste y aunque cohabitamos bien el dolor y yo, tanto toqueteo lo intensificó, suerte de analgésico que tomé antes de salir. Me dio el alta en lo que respecta al tratamiento de radiología. El médico hizo referencia a una bolsa de líquido rojo que me pusieron durante  la quimioterapia, reacciona al tratamiento de radioterapia  cambiando la pigmentación de la piel, a estas alturas un matiz de color no es muy relevante. Me fui feliz de la consulta.

Hoy sentí tristeza, supe de alguien con cáncer, siempre me afecta. Sé que se sale, pero la contundencia del tratamiento me infunde respeto y acojona a cualquiera, porque los efectos secundarios son brutales, no hay que engañar a nadie.

Me alegró saber de su valentía y sentir que vivir es vivir. Será un placer emborracharnos en cuanto supere este trance.

Lo que dejo atrás es mucho y no lo cambio. El cáncer me ha hecho crecer, sentir y expresar todo lo que soy.

Leo con cierto reparo que muchas personas quieren tener la vida que tenían, yo no.

Durante este tiempo todo se ha ido recolocando, poniendo en su sitio, quien tenía que estar acompañándome ha estado y quien no, ha salido de mi vida.

El cáncer lo ha quemado todo, desde trabajo, familia, amigos, mi misma, todo ha renacido, con nuevo tono, nuevo color, nueva textura. Me siento mejor en este renacimiento.

Sigo enamorada de la vida, me caso con ella, es un compromiso diario, en cada gesto, en cada paso, en cada palabra. Soy consciente del destierro total de las distancias emocionales con todo lo que me envuelve, amo esa locura de sentir, aunque a veces me tiemble el ánimo hasta llorar a mares.

La semana que viene, nuevo análisis de sangre para mi visita a mi doctora oncóloga y finalizo con todo el preoperatorio. Una semanita movida.

Mi hija está nerviosa, con cada anestesia llega la incertidumbre del despertar. Confiamos en despertar todos los días, esa confianza nos emborracha, nos hace entrar en un coma etílico en donde sólo cabe la apariencia de vivir.

Para vivir no hay que temer, ni pensar, sólo sentir que todo late en la intensidad, que todo se expresa en la intensidad y la tibieza es un engaño en donde hacer esclavos a los hombres.

Vivir lo que uno es, sentir lo que uno es, es conquistarse y ser libre de todo lo que nos condiciona. Salir de la prisión hecha desde que nacemos no es fácil, pero es la única condición posible para conquistar la libertad de ser uno mismo.

Las palabras, los pasos, la transformación es fuego, tierra, aire, agua en su dimensión más absoluta, descafeinar la vida es un suicidio lento, sinuoso, doloroso y al umbral de la muerte asoma la nada vivida. Con la muerte me he tomado unas cañas, la miré y se fue con aspavientos por el todo vivido, de junio del año pasado hasta ahora ha llovido mucho, el todo vivido.

Huele a incienso y mi gato muy gato duerme plácidamente después de un gran banquete.

10 de Octubre de 2012



La niebla acuna la montaña, sólo veo su cima, lo demás se diluye. Es el Monseny que siempre manda en mis horizontes. Parece que mi ventana se ha enamorado.

Este lunes tocaba visita ginecológica, las dichosas células anormales en la matriz y nuevamente, tomar decisiones.

Cada vez que voy al médico, me siento atrapada en una tela de araña, pensé que todo acabó el último día de radioterapia y no es así. Donde el cáncer se fue quedan los daños colaterales sobre un cuerpo y alma cansados. 

Fue todo bien, las opciones eran sencillas, directamente un legrado para una nueva biopsia o tres meses más de tratamiento hormonal, según el médico el tratamiento hormonal era una pérdida de tiempo muy valioso dados  mis antecedentes, así que opté por el legrado directamente. Me sorprendió que no pusiera ningún inconveniente,  muchos médicos saben que los protocolos no son válidos para todos, que cada persona es un cuerpo, una individualidad, hay otros en cambio, que siguen el protocolo médico estrictamente, incluso a sabiendas del riesgo que eso supone para la vida del paciente. En este caso reinó el sentido común y la honestidad. Le agradecí este gesto de generosidad que habló mucho de sí mismo.

El silencio, ese silencio interno, ahí es donde se mecen las emociones en estado puro y en donde las certezas no son necesarias.

Mis pasos son pasos enamorados de la tierra que piso, del agua que bebo, de la música que escucho, del perfume de las flores, mis pasos son pasos enamorados de los abrazos dados y recibidos y de los paisajes que me envuelven. Son pasos dados por mi alma que calza mis pies, el camino y mis pies se funden, son uno, ahí todo vive y se manifiesta en su máxima expresión, donde yo soy.

Mañana toca visita a mi médico radiólogo, revisar las heridas que marcan mi cuerpo.

Las heridas son los calcetines con los que vestir mis pasos. Las heridas hacen memoria de lo vivido. Las heridas me recuerdan que los pasos siguen el camino del alma, ese sendero desconocido que nos conduce directamente a nosotros mismos. Perderse es perdernos. Saber es sabernos. Amar es amarnos. El alma nos expande y la mente nos ahoga.

Con cada prueba, con cada revisión me enfrento a la única realidad posible, el vacío, un espacio en dónde puede suceder cualquier cosa. No esperar nada, permanecer en el vacío, no es fácil. Las respuestas y la acción siempre nacen de uno mismo, las expectativas son absurdas, nos hablan de un futuro y éste no existe, es una idea en donde perder el tiempo y no vivir. Elijo vivir, elijo presente.

Huelo a mirra y mi gato muy gato duerme sobre de mi mesa, me mira sin entender por qué escribo. Él sabe que lo mejor es dormir, me mira con ojos de gato y me siente humana.

29 de agosto de 2012


La ventana juega con la magia del Montseny, un trozo de la montaña permanece es su llamada, la invisibilidad no va con ellas.

Desde que me he despertado en mi mente danza una canción, Mayonaise de Smashing Pumpkins, quizás son las ganas de ser yo misma con la contundencia que permite tener un alma libre.

Conocí a A. Fuimos a verla J y yo, una tarde llena de corazón y calor humano, ella está en pleno proceso de quimioterapia. Es bueno poder hablar, compartir sensaciones. Reí mucho cuando A. me explicaba las sensaciones con la comida y los olores. Dejamos de ser bichos raros, para sentirnos unidas desde algo profundo y sincero. El miedo no va con nosotras.

El cambio mayor es el olfato,  el tacto se anestesia y de golpe, alguien abre una botella de lejía, pides pegando alaridos que cierren la botella, es extraño, porque tu estas en el otro extremo de la casa, cosas que pasan. La ironía es que por un tiempo sientes que el mundo son olores. La visión se distorsiona porque hay rigidez en la córnea, el iris regula mal la luz, así que no es tan fácil pasar de la luz a la oscuridad, tacto anestesiado y con el gusto totalmente distorsionado, te sabe todo a sal, el olfato pasa a ser el informador de la realidad que te rodea.

Volvieron a mí sensaciones y  me cabreó lo mismo de siempre. ¿Por qué los médicos no dan la información de forma rigurosa?

Es difícil decidir en estas condiciones, es difícil decidir cuando el miedo lo llevas pegado al cuerpo y los médicos lejos de ayudarte, meten el dedo en la llaga, contra más miedo mejor, no quieren ser cuestionados, pero se olvidan que el cuerpo del paciente no es un saco de huesos, músculos y demás elementos anatómicos sin alma, sin emociones, sin conciencia, el cuerpo de un enfermo de cáncer lleva alma, y el alma es libre de decidir sobre el cuerpo. Mi alma decide.

Estos días sentí que el miedo y los apegos me cortejaban, no eran fantasmas, eran realidades demasiado cercanas. Sólo quiero ser, con tristezas en los bolsillos, con alegrías colgadas del cuello, ser y sólo ser. Por unos instantes sentí que mi vida se paraba, yo daba vueltas sin saber qué dirección tomar.

Realmente no existe ninguna dirección que no sea uno mismo.

A. y yo hablamos del viaje emocional, sé que es duro pero el cáncer en cierta manera nos mete de lleno en nuestro abismo personal y no hay otra que cruzar la puerta, una vez se cruza no hay vuelta a atrás. Dejas lo que eras para ser en esencia.

Es un viaje con un mismo origen y destino, el alma. El alma duerme y cuando despierta vocifera, el alma quiere expresarse en su totalidad.

No es fácil andar, cuando uno traiciona sus palabras, porque las palabras viven, están hechas del fuego mismo de la creación, las palabras nos construyen y destruyen al mismo tiempo. Es fácil violar nuestra esencia cuando las palabras, se vacían, se escancian en una alcantarilla de escombros radioactivos,  en donde sólo cabe la destrucción. 

Esta noche me ha picado un mosquito tigre, dos  veces, estaba al lado de la puerta, tal ha sido mi cabreo que se ha llevado un zapatillazo. Ahora tengo la mano y la frente hinchada como una bola de billar.

Mi oncóloga ha desvinculado el engrosamiento de la matriz del cáncer, sí estoy limpia, curada, pero ahora soy consciente del estigma. Todo parece girar alrededor del cáncer. ¡A la mierda el cáncer! Todo gira y es desde mi yo más esencial. Ser camino y andar hacia mi misma, es un proceso  lleno de soledades vitales y  necesarias en donde sólo es posible crecer en esencia.

Por delante tres meses de tratamiento hormonal y nuevamente ¿quién lo sabe? Ya no importa, todo son experiencias que vivir, todas ellas me llevan a mi destino.

Ser camino abre los sentidos al lenguaje de la vida, a expresar y sentir que todo funciona de forma diferente, que todo tiene un lenguaje sutil que me permito sentir, aprender y expresar. Escanciarme en la vida misma.

Estoy sentada  delante de  mi escritorio inglés, era de P., murió de cáncer de hígado, antes de morir hablamos de sentir y expresar, de ser. La magia de la vida, nos da la oportunidad hasta el último momento para expresar lo que sentimos, porque expresar nuestra alma, es el legado, la herencia que fertiliza nueva vida. Escribo palabras hechas y dotadas de alma propias. Am. Su hija quiso que tuviera el escritorio y yo sé que P. está contento y ríe porque las palabras viven, son alma, son el fuego vital y de fuego vital están hechos mis zapatos.

Mi gato, más negro y más blanco que nunca me mira con resignación. La mirada de lo nuevo.

Huele a ruda.

10 de Agosto de 2012


Entra fuego por la ventana y el Montseny, cansado de tanto calor, parece resignarse.

Quiero estar en silencio y dejar hueca la mente. Es el silencio lo que me nutre.

Las células anormales hicieron que el mismo ginecólogo me pidiera una visita extra a mi oncóloga.

Bebo  agua con hielo, necesito aliviar el fuego que entra a través de las ventanas.

Sigo preguntándome hacia dónde me dirijo. No es cuestión de “tener”, no es cuestión de querer, la cuestión es ser y sentir.

Dudas e  incertidumbre  han reinado en estos días, todo se ha disipado hablando con mi doctora oncóloga,  más sorprendida que yo de ver mi nombre en la lista. Finalmente los resultados no tienen nada que ver con el proceso del cáncer,  me explicó que en un engrosamiento de matriz lo normal es encontrar células anormales. Vio tan desencajada mi cara que me dio una copia impresa de los resultados.

Es acertada mi decisión de no tomar el tratamiento hormonal durante 5 años, ahora bien sigo poniendo orden a mis hábitos alimentarios. Esa promesa me la recuerda con cariño mi doctora. Mi compromiso sabe que es firme, porque me he comprometido conmigo misma.

Me pregunto si lo que siento y cada paso que doy lo hago con la pasión de cada momento, porque cada momento es único, todo sucede en un aquí y ahora, sin más. Me pregunto si realmente estoy imbuida de la esencia que rezuma cada instante.

Estos días planeaban los condicionamientos ¿a qué tengo miedo? Sé que no puedo anclarme en nada, porque todo es cambio, por más que quiera permanecer, permanecer es morir ante la vida. El cambio, soltar el ancla de nuestros condicionamientos es levantar velas y navegar, es desplegar las alas y volar.

Siento que estos últimos días se han llenado de dudas, pero hay algo en mí, profundo y sincero que no me engaña, mi camino es lo que es. Mirar afuera  es  un callejón sin salida.

Ahora sólo hay un sentido y es vaciarme de todo para escanciarme esta nueva vida, aireándola, dejando que el poso fondee, oliendo su perfume. Los pensamientos se desvanecen y se establece nuevamente el silencio. El silencio, una nueva percepción.

Pensar ser ¡qué ironía!  pensar lo que se “es” es un suicidio. La libertad desnuda de condicionamientos nos confina a reconciliarnos con la soledad, esa soledad que camina con nosotros. Soledad hecha de tierra, aire, agua, fuego.

Cuando ya no existe nada da comienzo la verdadera vida. En la nada sólo la identidad de uno mismo permanece en esencia.

Ahora ya con más claridad, me esperan dos meses de tratamiento y nueva biopsia, lo importante es confiar en lo que siento, ser certeza.

El gato muy gato es travieso y juega con los cordones de mis sandalias. Huele a silencio y a mirra.

1 de Agosto de 2012


Ya no hay claraboya, ahora la luz de la luna se filtra por mi ventana. El horizonte lo corta el Montseny, todo púrpura a estas horas de la noche, yo lo contemplo estupefacta, esperando sin que suceda nada y sucediéndose todo.

El 28 de junio me operaron de un engrosamiento de la matriz. La biopsia fue tajante, dentro del tejido extraído un puñado de células anormales.

Mi gato muy gato se pasea plácidamente por la mesa, oliendo. Creo que huele a la montaña o ¿es la montaña que lo huele a él?

Ahora dos meses de tratamiento con progesterona, más pruebas, operación y a esperar una biopsia nueva.

El camino termina y empieza por uno mismo. En las sombras hay luz y en la luz hay sombras. Luz y sombra me pertenecen.

Sigue latiendo la vida salvajemente por mis venas. Este es un viaje hacia mis abismos. La incertidumbre se vuelve costumbre y con ella mueren todos los condicionamientos. A cada paso el ahora es más intenso y profundo.

Insisten en matar moscas a cañonazos, así que a estas alturas de mi periplo personal he optado por dar paso a mi médico homeopático, no tenemos problemas en trabajar tanto con medicina homeopática y alopática a la vez.

Mi cuerpo quiere darse un respiro, pero la vida sigue  su ritmo.

Con cada operación me recupero más lentamente.

Es momento de agitar las alas y volar, sin más objetivo que yo misma. Sentir al viento enamorado de mi cuerpo, sentir a la tierra enamorada de mis pasos, sentir al mar besando mi alma y sentir el fuego abrazado a mis venas.

En el todo no hay nada y en la nada está todo.

Me estremece la idea de vivir en un ahora falso, un ahora plagado de pasado, un ahora espejismo de lo vivido o un ahora expectante, esperando a un futuro, una eterna página en blanco esperando a ser tatuada.

El presente no nos compadece, nos debe estremecer y mostrar que la vida sólo puede tatuarse en el alma con el fuego de la intensidad. La vida no entiende de distancias emocionales,  elimina las fronteras y nos enfrenta a lo que somos.

Lo cierto que para vivir uno no necesita de certificados médicos, la enfermedad es un diagnóstico vida, nos mide en qué grado estamos involucrados, la salud significa a veces vivir con los sentidos moribundos, con los sentidos anestesiados. La enfermedad es un golpe que nos despierta a una vida consciente de la distancia.

La vida es anormalidad, peculiaridad e intensidad.

Sigo escanciando mis emociones entre llantos y risas, entre dudas y certezas, pero sé que a cada paso soy. Recupero mi identidad.

Mi gato muy gato sólo tiene ganas de jugar, dentro de poco tendrá cinco meses. Le gusta dormirse en mi barriga.

Huele a incienso de ruda.