2 de Julio de 2011

La cortina danza en la claraboya y la luz tintinea, esparciendo su brillo azul por toda la buhardilla.

El jueves de concierto, un gran trovador, hombre pequeño de alma grande, de mirada llena de experiencias, Mario Kano, sus letras están esculpidas con las palabras que sólo el alma puede aderezar. Mi mejor regalo previo a la visita al médico.

Noche de jueves llena de nervios, tratando de encontrar mi centro, dormí poco.

El viernes salté, literalmente, fuera de la cama, tenía ganas ya de ir a ver a la doctora y tomar decisiones.

El plan trazado en mi mente salió en un principio, llegué al hospital, análisis de sangre, no me dejaron la vía intravenosa puesta, sabía que la quimioterapia había acabado.

Almorzamos con dos hermanas, de mirada profunda, en sus miradas anhelos perdidos y la búsqueda de respuestas que no les dio la vida sino la muerte, porque para ambas el cáncer de mama ha sido un momento, más que triste, consecuente de una tristeza profunda, de una vida que les consternó el corazón. Fue un almuerzo genial, reímos y casi lloramos, compartiendo nuestra realidad emocional.

Llegó la hora, lo cierto que me sorprendió, le expliqué todo lo que pasó en el hospital y la doctora entendió que no debía seguir, yo no lo esperaba, en mi mente bullía la idea que no iba a ser tan fácil, pero todo lo contrario, recibí comprensión y una dosis extra de factor humano profundo.

Mi corazón palpitaba con fuerza, la abracé, agradeciéndole lo fácil que había sido tomar la decisión, ahora sólo la radioterapia, con suerte el tratamiento hormonal a seguir durante 5 años y las revisiones de rigor.

¿Qué puedo pedirle a la vida? Nunca me he planteado volver atrás, tener la vida que tenía antes del cáncer, porque estaba ciega, sorda y carecía de tacto para nadar en comunión con la vida, que por aquel entonces palpitaba y mientras yo estaba ausente.

Ahora le pertenezco a la vida, sin más, porque la vida en sí misma ya no me pertenece. La vida esculpe en tiempo presente lo que soy. No importa cómo uno esté porque la vida nos sigue esculpiendo, con el instrumento necesario en cada momento.

Me estoy acostumbrando a carecer de puntos de referencia, así la vida adquiere el sabor de lo desconocido y avienta el fuego de la pasión que rezuma el lenguaje de la vida.

Cada vez más recupero el sabor de las comidas. Pasear por la playa a primera hora de la mañana y nadar es un placer que por fin se hace realidad en mi vida.

Sé que todavía existen mochilas emocionales innecesarias y ahora está siendo un buen momento para liberarme de todas ellas. Arrastrar el pasado con heridas abiertas, mal asunto, porque uno se encadena a una vida falsa, una vida que en tiempo presente no tiene cabida. Reconocerse uno mismo es reconocerse en su presente, un presente construido de un pasado que ha dibujado los surcos necesarios para hacernos más auténticos y sabios, sino es así la memoria pesa y termina por ausentarnos del presente.

Sucede la vida y recuerdo que antaño surfeaba por las olas del tiempo, ahora sencillamente soy una con el tiempo, ambos mar.

La luz de una vela me acompaña.

El incienso humea dibujando formas que sólo él mismo entiende.

La gata muy gata sigue queriéndose meter en mi cama, me mira con su mirada gatuna, sé que su persistencia dará sus frutos y pronto dormiremos juntas, es lo que tiene ser gato y yo humana.